sábado, 25 de agosto de 2007

Cuenta la leyenda...

Cuenta la leyenda que en ese octubre de 2004, mientras corrían los Mercedes negros por las imposibles carreteras de Santa Clara, seguidos de la ambulancia donde el Comandante en Jefe se dolía de la rodilla, tuvo tiempo de pedirle su pistola al jefe de la escolta. La pistola estaba en el automóvil, así que el mulato, asustado, le dio la suya. Cuentan que, al llegar al Palacio de la Revolución y entrar al pequeño quirófano del cuarto piso, el "Jefe" pistola en mano ordenó el uso de anestesia local, y se quitó con rabia el pequeño paño verde que le impedía ver lo que hacían los médicos. Cuentan que pidió un teléfono móvil, y realizó varias llamadas, cuentan que salió de allí con la pistola y con el teléfono.
La vida en Cuba, puede resumirse en esta fábula; la pistola y el teléfono. El poder de las armas, el poder de la palabra, la estrategia real de casi cincuenta años en el poder.
La filosofía aristotélica tiene en los conceptos de forma y materia su base fundamental. Para Aristóteles, la arcilla era la forma, el ladrillo materia, pero a su vez, el ladrillo era la forma de la materia "casa", del mismo modo, casa sería la forma de la materia barrio, y así se tejen los conceptos. El espíritu divino, en cambio, es forma pura, génesis de todas las materias, donde nacen todas las formas y materias.
En la transformación paulatina de la vida en Cuba hemos vivido con esta relación, con la eterna promesa. Nos han alimentado de posibilidades relegando la realidad a lo inmediato. La construcción de hombre nuevo; las tesis de la abundancia; la conversión del revés en victoria o los fracasos estrepitosos nunca fueron, en su ausencia de realidad, motivos para cuestionar la validez del sistema. Y es que todo ello era y es la forma de una materia por definir, o indefinida en conceptos tangibles: "Revolución" , definición reservada a la forma de las formas, o sea, al propio Fidel Castro.
La forma de esa materia que es la revolución cubana, no se define en realidades, somos el país con más deportistas por metro cuadrado, con más maestros por habitante, con más técnicos por familia, con más médicos que el mundo. La revolución cubana no es más que un dato perdido en su propia estadística.
Una frase muy al uso en la Cuba de los setenta y ochenta, era aquella de: "esto esta mal porque Fidel no lo sabe" . Cada vez que algo pasaba, cada vez que se anunciaba un fracaso, el pueblo llano se refugiaba en esa frase. Así, se justificaba todo, en la infalibilidad del conocimiento supremo. Si algo nos define es ese tiempo condicional perpetuo en que vivimos, la incertidumbre de lo posible.
En comunicación, el uso de atributos de poder está condicionado por la eficacia de los mismos. La ausencia también significa, o dota de significado nuevo a los conceptos.
Hoy Cuba vive un periodo de ausencia, estamos ante el desconocimiento, ante el resurgir de los mitos, mientras desaparecen los mártires. La sensación es que nos observan, que nos vigilan, que en cualquier momento aparece la pistola, o suena el teléfono.
La estrategia del gobierno cubano, ocultando la información real sobre el estado del líder, no es otra cosa que la esperanza de la sorpresa. Agonizan las efemérides porque en cada una de ellas se espera que aparezca, campeón de campeones, y al mismo tiempo que no aparezca, lo que se interpreta como un dato de que está mal. La estrategia cubana nos obliga a pensar en dualidades, sin medias tintas, sin posibilidades intermedias: O está bien, pistola en mano y hablando por teléfono, o está muerto, embalsamado y simplemente se espera a una fecha vacía en el santoral de los mártires para hacerlo público. Por una parte es la estructura típica del mito, la reaparición del Mesías, y por la otra es la construcción del nuevo mito y la búsqueda de la coyuntura.
El mito existe o se destruye, no se transforma. Y de tanto marxismo acumulado, hoy en Cuba, el Aquino resurge. Ver para creer, o no ver y seguir creyendo.
Lo cierto es que no sabemos nada, y nunca hemos sabido nada. Fidel Castro ha elaborado su propia forma y materia, ha restructurado el medioevo en una isla tropical. La seguridad y la existencia misma del mito están en el secreto. La nuevas catedrales góticas de la Isla han crecido sobre los pilares del no saber, creyendo que sabemos.
La ausencia de liderazgo definido en estos momentos, sorprende a muchos, y aparecen tesis de futuro sin base aparente. Por una parte se sospecha de tendencias reformistas en un Raúl Castro siempre gris, un hermanísimo en la sombra, arrastrando el estigma de fumador de cigarrillos rubios, y por la otra se sospecha de su tendencia bélica y su alma de hierro. ¿Quién tiene la razón? Del mismo modo los otros, nadie los conoce: Carlos Lage: nos suena su voz nasal y sus "viva Fidel", y nada más. Este médico economista vive aún en el guión de telenovela que heredó de su madre, y es incapaz de improvisar nada. Ricardo Alarcón: habla inglés, y le gusta leer, Felipe Pérez Roque, uno de los párvulos hechos a imagen y semejanza del líder, salvo su voz ronca y sus alegatos antiamericanos, poco sabemos de él. De los demás, tampoco sabemos nada, alguna leyenda urbana, pero nada real. Ellos, que son la forma de la materia nueva, materia ellos mismos de la forma Fidel Castro, no tienen más pedigree que la sombra del comandante. No existe garantía de independencia de pensamiento en los "llamados" a dirigir una nueva Cuba.
Aristóteles nos enseña que más allá de la física también existe realidad, pero que es imposible construir de la nada, salvo desde ese espíritu divino. En Cuba, hoy, se está construyendo un futuro incierto y peligroso, que preocupa y duele. En Cuba hoy, como ayer, nadie sabe nada, y unos esperan al Mesías quizás, el próximo 24 de febrero en otro Grito de Baire; quizás, si no aparece, esperaremos la ternura blindada del comandante un 8 de marzo, junto a las mujeres de la Revolución; o un 4 de abril junto a los pioneritos y Elián; o ese Primero de Mayo escudriñando al pueblo desde los prismáticos soviéticos; o se dé el lujo de esperar al 26 de julio y nos alegre el alma con cuatro horas de discurso. Quizás, aparezca un 13 de agosto, y se omita todo un año en el calendario revolucionario, un año de vacío, un año que nunca existió. O quizás nada, y sea un sombra perenne, un comunicado, un vídeo, un papel.
En cualquier caso seguimos igual, apuntados por su pistola y esperando una llamada.

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